El mal estado de las carreteras apenas pesa en las estadísticas de accidentes de la DGT

La Guardia Civil documenta socavones, grietas o asfalto deteriorado en sus atestados, pero Tráfico los clasifica generalmente como factores concurrentes y no como causa principal

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El estado del asfalto, la presencia de baches o socavones y otros defectos de conservación pueden aparecer reflejados en los informes que elabora la Guardia Civil después de un accidente. Sin embargo, esa información apenas termina teniendo peso como causa principal en las estadísticas oficiales de siniestralidad de la Dirección General de Tráfico (DGT).

La diferencia está en cómo se analiza posteriormente cada accidente. Mientras los agentes recogen sobre el terreno numerosos elementos que pudieron intervenir en el siniestro, la DGT considera generalmente el deterioro de la infraestructura como un factor concurrente, es decir, una circunstancia que puede haber influido pero que no necesariamente desencadenó por sí sola el accidente.

Según los datos atribuidos al propio organismo, desde 2021 aproximadamente un 3% de los accidentes con víctimas registra anualmente alguna influencia relacionada con el mal estado de la vía.

Más de 100.000 accidentes con víctimas al año

En 2025 se registraron en España algo más de 102.000 accidentes de tráfico con víctimas, con alrededor de 1.600 fallecidos.

Aunque la mayor parte de los siniestros se produce en zonas urbanas, las consecuencias suelen ser mucho más graves en carretera. De los fallecidos contabilizados durante el pasado año, unos 1.120 perdieron la vida en vías interurbanas, frente a aproximadamente 480 en ciudades.

Cuando se produce un accidente en carretera, el protocolo comienza con la atención a los afectados y la señalización de la zona para evitar nuevos impactos. Una vez controlada la emergencia, comienza la reconstrucción de lo ocurrido.

Qué analiza la Guardia Civil tras un accidente

En los siniestros sin víctimas mortales ni heridos graves, los agentes recopilan datos sobre los vehículos, conductores, condiciones meteorológicas, señalización y estado de la carretera, entre otros aspectos. Esta información puede incorporarse posteriormente al sistema ARENA de la DGT.

Si el accidente presenta una mayor gravedad o existen indicios de posibles delitos, la investigación es mucho más detallada.

Los atestados pueden incorporar croquis, huellas de frenada, fotografías, declaraciones, inspecciones de los vehículos y valoración del firme, incluyendo la existencia de grietas, socavones, desperfectos o cualquier circunstancia que los agentes consideren relevante para explicar el siniestro.

Esta documentación puede acabar en manos de los juzgados, aseguradoras, la DGT y la administración titular de la carretera.

De la carretera deteriorada a la “velocidad inadecuada”

La controversia aparece en la interpretación estadística posterior.

Un accidente en el que un conductor pierde el control después de encontrarse un firme deteriorado puede terminar clasificado bajo conceptos como “velocidad inadecuada para las condiciones de la vía” o “pérdida de control”, aunque el estado del pavimento haya quedado recogido previamente en el informe policial.

La lógica utilizada es que el conductor tiene la obligación de adaptar la velocidad y la conducción a las circunstancias existentes en cada momento.

Esto no significa que el deterioro de una carretera desaparezca completamente del análisis. Puede constar como factor concurrente, pero raramente se sitúa al mismo nivel que otras causas tradicionalmente asociadas a la accidentalidad.

Distracciones, alcohol y velocidad siguen encabezando las causas

Las estadísticas de Tráfico continúan situando entre los principales factores de riesgo las distracciones, la velocidad inadecuada, el consumo de alcohol y drogas, el cansancio o el sueño.

El estado de las infraestructuras ocupa una posición mucho más secundaria pese a que los agentes sí están obligados a observarlo y documentarlo cuando puede resultar relevante.

La cuestión no es menor porque la clasificación estadística permite conocer dónde se concentran los problemas de seguridad vial y, en consecuencia, orientar políticas, inversiones y actuaciones preventivas.

La diferencia entre lo que puede aparecer en un atestado y cómo termina contabilizándose un accidente muestra así que determinar por qué se produce un siniestro es bastante más complejo que señalar una única causa. Un mismo accidente puede reunir errores humanos, condiciones meteorológicas, problemas mecánicos y deficiencias de la vía, aunque posteriormente uno de esos factores acabe teniendo mayor peso que los demás en las estadísticas oficiales.

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